AQUÍ NOS TOCÓ VIVIR

¿Alguna vez escuchaste la expresión: aquí nos tocó vivir? ¿O llegaste a ver un programa de televisión con el mismo nombre? Hace más de 35 años la periodista Cristina Pacheco empezó a realizar mini documentales de las historias de cientos de personas que viven en la Ciudad de México, y recuerdo que era fascinante ver las historias más impensables que ocurrían en la gran capital de México.

El fin de semana pasado, junto con mi esposo estuvimos apoyando en un evento cristiano de alcance en el área de producción. El evento se llevó a cabo en el Jardín Guerrero, en el centro de la ciudad de Querétaro.

Toda la mañana estuve observando la gente que caminaba y pasaba por la plaza, y me acordé mucho del programa “aquí nos tocó vivir”. Entre las personas que estaban en la plaza había familias, personas de la tercera edad, vendedores de cuadros artísticos, ambulantes, jóvenes, niños jugando; entre todas esas personas hubo una que me llamó la atención.

Había una señora que estaba vendiendo pelotas de goma con listoncitos adheridos que daban un efecto llamativo a los niños y no tan niños que sólo veían rebotar la pelota que aventaba. Conforme avanzó la tarde vi como vendía sus pelotas y finalmente me acerqué a ella; le dije que quería comprarle una pelota para mi niño, ahorita no estaba con nosotros, pero quería llevarle un pequeño recuerdo. Le pregunté: “¿cómo se llama? ¿Lleva mucho tiempo vendiendo por acá?” A lo cual ella amablemente me contestó: “me llamo Josefina, llevo casi un año y medio vendiendo por acá, pero nunca me imaginé que viviría de vender pelotas”

-“Oiga, y ¿cuánto cuestan? Para ver si me alcanza con el cambio que traigo”

-“Las pelotas chicas valen diez pesos y las grandes veinte pesos”

-“Traigo… dieciséis con cincuenta.. déjeme conseguir para completarle, pero cuénteme ¿cómo le va en sus ventas en esta época de lluvias?”

-“Pues más o menos porque los niños no salen a jugar y no me compran la mercancía, pero Dios no me ha dejado”

Y empezamos a platicar, ella me empezó a contar que hace un año y medio perdió a su esposo y quedó viuda. El último mes de vida de su esposo, la habían pasado al cien por ciento en el hospital, una situación muy complicada para ellos como familia; ya que la señora tiene tres hijos y tenía que buscar dejarlos con conocidos o familia que le apoyaran a cuidarlos. Fue a raíz de esa situación que ella empezó a venir de un municipio de Guanajuato a la capital de Querétaro, a vender sábados y Domingos pelotas en el centro. Por eso es que Josefina nunca se imaginó que “viviría de vender pelotas” y ser sustento para su familia. Me dijo que a veces la acompaña su hija adolescente a vender e inician su día desde las 7am y van concluyendo entre las 11:30pm y la media noche tanto el sábado como el domingo. También me comentó que ha tratado varias veces sacar su permiso de venta, pero que siempre le dicen que ya no hay permisos; nunca le han quitado su mercancía, siempre han sido “buenos conmigo, yo creo que Dios me ha cuidado” y nunca le ha pasado nada.

Y conforme me iba contando su historia y escucharla, me di cuenta de lo fuerte que Josefina ha sido para enfrentar toda esta situación que le cambió la vida. En ningún momento sóltó una lágrima, era más bien yo la que quería llorar al ir escuchando lo duro que la ha pasado y contenerme frente a ella.

Al final de la charla me dijo que nunca nos había visto hacer un evento así y yo le pedí si me dejaba orar por ella. Ella accedió amablemente. Le di gracias a Dios por su vida, le pedí a Dios que le diera fortaleza para salir adelante y que ella sintiera Su amor para con ella. Al final de hacer la oración nos abrazamos y le dije que no me olvidaría de ella, que cuando me diera una vuelta por Jardín Guerrero y el centro buscaría por ella y la saludaría. Después ella me dijo: “yo creo que Dios si me ha fortalecido y me ha ayudado todo este tiempo” Finalmente escogí una pelota para mi niño y se la pagué. Por fuera le mostraba una gran sonrisa pero por dentro mi corazón se hizo blandito cual gelatina. Y así nos despedimos Josefina y yo. Empecé a caminar hacia mi esposo y en cuanto le quice contar lo que había platicado con Josefina, comencé a llorar, creo que sólo alcancé a decirle: “es una mujer viuda, con hijos y con necesidad” y pensé “aquí nos tocó vivir”…

Y desde entonces Dios me hizo recordar este versículo en Santiago 2:14-17 “¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? 15 Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, 16 y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? 17 Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta.”  Para mí fue un recordatorio… De nada sirve “compadecernos” o verlos “de lejos”, hacernos ajenos a la vida de las personas como la de Josefina; sabiendo que tengo a Dios y que lo que tengo en mí será de bendición para ellos. Tal vez comprar una pelota no hizo una gran diferencia y sólo fue un granito de arena en la economía de ella, pero haber podido escucharla y que me haya contado con tanta confianza su historia y posteriormente orado por ella fue de mayor bendición para mí. Porque decir que soy “cristiana” sin demostrarlo es una fe muerta e incongruente. Jesús nunca se mostró ajeno o indiferente ante la necesidad de otros. Tal vez hay una Josefina en tu vida o ya la has visto y es tu tiempo de bendecirla.

Para un tiempo como este, Dios quiere usarte y que seas de bendición a personas con necesidad.

Para un tiempo como este es que nuestra fe debe cobrar vida y mostrar a otros que Dios en verdad existe a través de ti y de mí.

Pd. Si algún día vas a Jardín Guerrero pregunta por Josefina y cómprale una pelota de goma

8.Comments

  1. Juan Carlos
    diciembre 11, 2017

    Me gusta tu forma de escribir, y describir la vida diaria; debemos enfocarnos en lo importante, y también demostrar nuestra fe con obras. Que Dios te bendiga.

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    • diciembre 13, 2017

      Muchas gracias!Eso me anima a seguir escribiendo 🙂

  2. francisco javier delgado
    julio 6, 2017

    Que cada cristiano hombre o mujer, que haya experimentado el nuevo nacimiento. Viva o viaje a Querétaro, y visite el Centro Histórico de esta pujante ciudad. Se dé una vuelta por el Jardín Guerrero, pregunte por Josefina, quien vende pelotas de goma, le compre una, así aportará algo para si economía familiar y adquirirá un obsequio, que luego podrá regalar y alegrarle la vida a un niñ@ y disfrutar de una sonrisa.
    Muy bien Bin!

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  3. Amelia Delgado
    julio 6, 2017

    En efecto la carta de Santiago, nos hablade la fe que obra. Los cristianos no hacemos buenas obras para ser salvos, porque somos salvos es que hacemos buenas obras, para que la gente vea el amor de Dios por medio de nuestro actuar. Si está en nuestra posibilidad, debemos ayudar a quienes están en necesidad, sin perder jamás de vista el llevarlos a Cristo, para que le conozcan como su Salvador. Asi compartiremos nuestra tesoro más grande, nuestra fe. Gaby, Dios te conceda regresar al jardín Guerrero, no solo para brindarle una ayuda material a Jesefina, sino también para llevarla a Cristo y sea salva ella y toda su casa.

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  4. Gabby Mares
    julio 6, 2017

    Yo también lloré con la historia de Josefina. ♥️

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    • julio 6, 2017

      Siii! Y muestra una gran fortaleza cuando la ves

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